sábado, 4 de diciembre de 2010

CROISSANTS DE MANTEQUILLA



He aquí un nuevo vicio confesable descubierto equiparable al chocolate. Me regocijo en mi propio deleite del paladar a traves de cada bocado derivado de la mantequilla recien horneada. Además, se trata de un bonito proceso de elaboracion donde cada paso es una tarea minuciosa.






AMASAR, FERMENTAR, HORNEAR

Debido al tiempo que transcurre entre paso y paso, yo, tan obstinada como siempre en asociar un sabor o un olor a un dislate (a poder ser) emocional, me ha dado tiempo encontrar una similitud, esta vez, entre los 3 puntos del procedimiento de creacion de la masa con la propia fecundacion, gestacion y parto del amor.




AMASADO
: SEDUCCION O SIEMBRA
FERMENTACIÓN: RIEGO O MANTENIMIENTO
HORNEADO: COSECHA O NIDO



Podras estar de acuerdo o no, o incluso puede resultar un tanto frío especular sobre el amor como si estuviese sujeto a una serie de variables, pero yo encuentro una semejanza tan descarada como cálida. Me explico:


a) AMASADO: proceso de vital importancia en el que, en el mejor de los casos  se persiguen 3 objetivos:

1) Canalizar un sentimiento (léase necesidad)
2) Desarrollar una confianza
3) Iniciar un vínculo afectivo


b) FERMENTACIÓN: el secreto de un buen resultado reside también en una correcta fermentación, punto exacto donde esa ilusión inical dobla su volumen transformándose en cariño pero aún a las puertas del amor. En este tramo se aconseja una receptividad desorbitada que nos permita disfrutar al máximo de esta etapa, desgraciadamente, sin retorno.

c) HORNEADO: se corresponde ya con esa fusión mutua tras haber tejido esa tela de araña (o fermentación) en comun impulsada por ese trasiego hormonal que es capaz de modularnos la vida a través de un torrente inconsciente al que llamamos AMOR.


 Lope de Vega, 'esto es amor, quien lo probó... lo sabe'

INGREDIENTES

(cantidades XXL!)

Masa de hojaldre fermentada:

1,200 gr de harina de fuerza
300 gr de harina floja

3u. de huevo

250 gr de azúcar

35 gr de sal

370 gr de agua (fría)

370 gr de leche (tibia)

45 gr de levadura fresca

150 gr de mantequilla con sal ( para el amasado)

8 gr de mejorante (opcional, yo no le puse)
750 de mantequilla para las vueltas o pliegues del hojaldre





Disolver la levadura en 80 gr de leche tibia.
En la amasadora: los dos tipos de harina + mejorante + azúcar + huevos + leche + leche con levadura. Amasar con el (los) gancho (s). Añadir progresivamente el agua fría, después la sal, y dejar amasar a baja velocidad un par de minutos. Subir poco a poco la velocidad y seguir amasando hasta que la masa tenga tejido, esto es, que sea elástica. Reservar en un recipiente donde habremos colocado previamente la mantequilla en el fondo. Cubrir con un film y dejar que repose dos horas a temperatura ambiente. Cuando doble su volumen volver a volcar la masa con la mantequilla en la amasadora y mezclar durante unos dos minutos, aproximadamente. Retirar y reservar hasta el dia siguiente. Trabajar la mantequilla sobre una superficie fría (a poder ser sobre placas de mármol que hayan sido introducidas en el congelador) hasta volverla moldeable con ayuda de un rodillo y harina, como si fuera una masa. Dar forma cuadrada y colocarla encima de la masa de hojaldre que ya habrá sido estirada en forma de rectángulo con un cm de grosor, aproximadamente. Hacer los pliegues o vueltas. Pueden darse vueltas simples o vueltas dobles. Teniendo en cuenta que las vueltas han de sumar un total de 5, las vueltas simples valen 1 (por lo que habría que hacerlas 5 veces) y las vueltas dobles cuentan como 1,5. Estirar con el rodillo entre vuelta y vuelta intentando mantener la forma de rectángulo inicial. Dar forma a los croissants dividiendo la masa en dos (a lo largo) y cortando triángulos. Hacer una pequeña incisión con el cuchillo en la parte más ancha del triángulo la cual estiraremos levemente para que la forma quede más bonita y enrollar hasta la parte estrecha. Disponer en bandejas con papel sulfurizado y meter en el horno a modo de fermentadora a 50ºC con la luz apagada. Cuando los croissants hayan doblado su volumen, pintar con una mezcla de yema batida y nata (para aligerarla) y hornear por tandas hasta que estén dorados.





Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.


domingo, 24 de octubre de 2010

Tarta Alaska



... es decir, quemada por fuera, y helada por dentro. Tal y como puede ser el estado en que te encuentres un corazón calcinado por enjambres emocionales. Incluso después de la tormenta... y a pesar del paso del tiempo. Sería entonces una helada por evaporación, provocando una pérdida de calor extremo que causa dejadez, apatía, pesadumbre...



Cuando la desilusión llama a nuestra puerta se produce una inversión térmica del corazón que, tal y como dice Sabina, nos lo deja 'cerrado por derribo'. A veces, por mucho más tiempo del que cabría esperar.


Cuando algo nuestro intacto
se funde y me confunde
-somos uno en dos partes
que sufren por su cuenta-,
desesperadamente algo nuestro se busca
sin ayuda de nada algo nuestro se encuentra.

La unión se realiza,
la ausencia no atormenta,
el dolor se desmaya,
el silencio se expresa
-cuando el amor no dice
la única palabra
está escrito el poema-.

Alto profundo es esto que nos une,
esto que nos devora y que nos crea;
ya se puede vivir
teniendo el alma
cogida por el alma
del que esperas;

pena es tener tan sólo una vida
-sólo una vida es poco
para esto
de querer sin recompensa-.

"GLORIA FUERTES"



El sitio más caliente durante la helada es nuestra propia memoria. En ella, y con ella, reproducimos nuestros instantes de felicidad favoritos, a pesar de que sean pasados y lejanos ya...Estas vias de escape se producen si la pérdida de calor es más grande cuando las noches son oscuras. Justo cuando en lo confuso de la opacidad de la noche confundes una farola con la luz de la luna.


"Solo cuando alguna vez te has bronceado bajo un manto de estrellas, eres capaz de distinguir el calor de invernadero."




Qué necesitas:
  • 1 plancha de bizcocho
  • 1 barra de helado (al gusto)
Merengue francés:
  • 225 gr de claras de huevo
  • 175 gr de azúcar glass
  • Una pizca de sal.
Semimontar las claras de huevo y añadir el azúcar junto con la sal en forma de lluvia

Montaje
  • Cortar la plancha de bizcocho de la misma medida que el ancho de la barra de helado. Yo lo he empapado con un almíbar denso de vainilla y canela, y a continuación he superpuesto el helado. Cubrir con el merengue francés y quemar con el soplete. Decorar al gusto.


Pero, a pesar de esta gelidez, es posible transpirar. Tu evocación enciende mis sentidos.


Cristales de tu ausencia acribillan mi voz,
que se esparce en la noche
por el glacial desierto de mi alcoba.
-Yo quisiera ser ángel y soy loba-.
Yo quisiera ser luminosamente tuya
y soy oscuramente mía.



jueves, 21 de octubre de 2010

El placer de remojar galletas. COOKIES.


Es curioso. Nunca dejo de sorprenderme. Me paro a pensar y observo que el impulso más frecuente que me lleva a decantarme por una receta en concreto viene dado por un estímulo exterior, sea cual sea su forma, que me hace sentir la necesidad de resurgir un momento, una sensación, una persona... en definitiva, vivencias ya pasadas. En este caso, y en principio, andaba en busca y captura de una receta de cookies que se asemejara a las que, hace ya algunos años, mi amiga Irene trajo de Manchester. Por aquel entonces no me gustaba la cocina (ni pensamiento). Pero, igualmente, el sabor se me quedó especialmente grabado. Desde entonces, y sobre todo desde que me empezó a gustar este mundo, he reunido algunas recetas, pero ningunas me han convencido.




Finalmente, me sedujo una que aparece en un libro de delicias de chocolate que compré en Fnac y que es una edición preciosa, cuyas recetas hasta hoy todas han salido bien. Mejorables, pero bien...




... En fin, que cuando una vez más la fórmula "IMPULSO---¬RECETA" parecía cumplirse sin aportar nada más y, mientras buscaba una frase apropiada que encajara en mi preludio recetario, me hallo con...

"Pensé que, si quería cambiar el mundo, podía hacerlo con una galleta"

¡Todo un mimo! Me cautivó incluso antes de terminar de leerla... 'Más extraño que la ficción', no me suena de nada esa película -pensé-. Me parece muy interesante toda asociación de la cocina dulce con acontecimientos reales, o viceversa. Y mucho más si sirven como instrumento para salpicar de ternura y emotividad un mundo tan rugoso.

A mi juicio, en este diálogo se encuentra el mejor momento de la película...

ROJO: ELLA
AZUL: ÉL




  • Señor Crick, ha sido un día horrible, yo me encargué de eso. Así que coja una galleta y cómasela. (En silencio él la coje, moja, come e inspira...)
  • ¡Guau! Una galleta superior (efectivamente era una cookie). ¿Cuándo decidió dedicarse a la pastelería?
  • En la Universidad.
  • ¿Como una escuela de hostelería o algo así?
  • No, en Harvard, estudié derecho...
  • Oh, lo siento, dí por hecho que era...
  • No, no pasa nada, no terminé. Participábamos en secciones de estudio mis compañeros y yo. A veces, durante toda la noche. Y yo preparaba cosas para matar el hambre. A veces pasaba la tarde entera en la cocina de la residencia; llevaba mis galletitas a los grupos de estudio y a la gente le encantaban. Hacía galletas de avena, barritas de crema con canela, triángulos de chocolate negro cubiertos de nueces tostadas... todo el mundo comía y era feliz, estudiaban y sacaban mejores nota. Entonces empezó a llegar más y más gente a los grupos de estudios y yo llevaba más merienda y siempre buscando mejores recetas, hasta la llegada de... croissants de queso ricotta con albaricoque, turrones de moka bañados en almendras, y merengues, y cococos rayados, glaseados con melocotón el almíbar... Al final del semestre tenía 27 compañeros de estudio, 8 cuadernos llenos de recetas y una media de 5 pelado... Así que lo dejé. Pensé en que si iba a hacer del mundo un lugar mejor, lo podía hacer con una galleta.


Ingredientes para 18 unidades

175 gr de harina

1 y 1/2 cucharadita de levadura en polvo

125 gr de mantequilla ablandada

90 gr de azúcar mascabado (moreno)

60 gr de azúcar lustre (glas)

1/2 cucharadita de es
encia de vainilla
125 gr de chocolate
negro
Un puñado de avellanas machacadas Preparación
  1. Ponga todos los ingredientes en un cuenco grande t mézclelos.
  2. Disponer de dos bandejas de jhorno con papel sulfurizado o vegetal. Deposite varias cucharadas repletas de la mezcla sobre las bandejas, dejando espacio entre ellas porque su volumen aumenta bastante durante la cocción.
  3. Cueza las galletas en el horno precalentado a 190º durante 10-12 minutos, o hasta que estén doradas, ya que cada horno es un mundo!
  4. Retire los cookies de la bandeja con una espátula y colóquelos sobre una rejilla metálica para que se enfríen.

miércoles, 13 de octubre de 2010

KRAPFEN, BERLINESAS O BOMBAS RELLENAS




Me da igual el nombre. La cosa es que es uno de mis pasteles favoritos, del que nunca me canso. Uno de los pocos motivos por los que celebro la llegada del otoño o del invierno, en general, se debe a que las pastelerías se llenan de cosas ricas ante la demanda de gente golosa como yo. Y si no se llenan ya me encargo yo de abastecer mi despensa de todo tipo de provisiones calóricas como chocolates, coberturas y harinas. Es también en esta época cuando los libros de cocina comienzan a tener presencia de manera caótica por toda mi casa. Se me atropellan mil y una ideas para hacer...






Hace pocos días, me levanté y estaba gris. Olía a tierra mojada y recordé que, precisamente, eran en esos días cuando más nos gustaba pasarnoslo en casa, acurrucados en el sofá, sintiendo la tibieza del pijama contra la piel... y deleitándonos con la 1/2 docena de berlinesas que, tras echarlo a suertes, uno de los dos traía de la croissantería.

Tu recuerdo me provoca sabores y olores. Y esta receta es un sabor que me recuerda a tí. De hecho, me recuerda más a tí que . Bienvenido al olvido. Bienvenidos todos los recuerdos.




"El olvido es una segunda muerte que las almas grandes temen más que la primera"

Stanislas J. de Boufflers


Ingredientes

225 gr de harina de fuerza

225 gr de harina floja
2 huevos
40 gr de levadura seca de panadería ( yo 25 de la fresca)
4 gr de sal
3 cucharadas soperas de azúcar (para mí es poco dulce)
80 gr de mantequilla a punto de pomada (yo creo que con 50 es suficiente)


Preparación


1)
Calentar la leche hasta que esté tibia y diluir la levadura en ella.

2)
Hacer un volcán con la harina, azúcar y la sal. Incorporar los huevos ligeramente batidos y mezclar todo, con las manos. Amasar durante unos cinco minutos.

3)
En este punto se le agrega la mantequilla y ahora sí comenzamos el amasado durante veinte minutos. Si le habéis puesto los 80 gr de mantequilla probablemente necesitaréis mucha más harina para el amasado. Igualmente sale bien, pero si queréis ahorraros el trabajo rebajáis la cantidad de mantequilla, que es lo que yo haré la próxima vez.

4) Pasados los 20 minutos, formamos una bola con la masa y metemos en un bol grande, dejando levar unas dos horas tapada con un paño hasta doblar su volumen en un sitio oscuro y cerrado. tapando. Yo normalmente la meto en el horno. Apagado, claro. ;)

5) Transcurridas las dos horas, desgasificamos la masa.

6) Dar forma de barra de pan alargada y porcionar bolas de 60 gr y bolear.

7)
Poner en una bandeja de horno con papel sulfurizado o vegetal.

8) Dejar levar por segunda vez hasta que doblen el volumen de nuevo.

9) Freír en aceite de girasol no muy caliente, pues se quemarían y se quedarían crudas por dentro. Aunque tampoco demasiado tibio, ya que la masa absorvería demasiado aceite.

10) Yo las he rellenado de nutella poniéndola en una manga pastelera y con la misma boquilla se hace una pequeña incisión. Espolvorear con azúcar glass.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Tarta de Golosinas Hello Kitty

Mi primera tarta de golosinas y tiene que ser precisamente de Hello Kitty... este curioso aborrecimiento no se trata de una mera manía. Esto, como todo, tiene su trasfondo. Se trata de la adulación excesiva de una de mis amigas por esta mimosa gatita sin boca. Hasta tal punto, que se ha hecho su propia habitación Kitty independiente de su dormitorio, y tiene previsto y pensado hacer en su futura casa una piscina con su misma forma incluyendo tres escaleras y tres rampas a cada lado para asemejar los bigotes de la gata... En fin, que estoy muy harta. Y me negué a hacerle su pastel Kitty... pero me dió pena el dia antes porque aparte de que encargaron uno en una confitería, querían hacerla sufrir con una tarta de cartón previa de la Pucca (a la cual ella detesta). Y me conmovió tanto la idea de que jamás me perdonase que a última hora la acabé por arriesgarme con una de chuches que jamás había hecho... Recopilé información, y éste fue el resultado...



Chula, ¿verdad?




¿Qué necesitas?

1) Poliespan

2) Papel de regalo


3) Fiso


4) Palillos de dientes


5) Muchas, muchas, gominolas!


6) Tijeras


y...


7) ¡Paciencia!





mirad su cara, jajaja...



¡FELICIDADES, MARTA!

martes, 31 de agosto de 2010

Chocolate Chunk Cake




Por mayoría estadística es oficialmente reconocido que las mujeres solemos pasar esos días de turbulencia hormonal sumergidas en el espesor de un mar de chocolate y yo contribuyo, con mucho gusto, a formar parte de este recuento. Probablemente sea de las pocas adiciones confesables que una persona pueda tener... Es maravilloso la diversidad de sentidos y usos que se le han dado a este ingrediente: mágico y lleno de ilusión para los niños y para algunos adultos, pero también sustitutivo del sexo, paliativo en caso de carencia y un potenciador en caso de existencia.
¿No es fantástico?

Aquí dejo un
a receta que salvaría a cualquiera del suicidio en caso de tendencia...





Se trata de una versión personalizada de un bizcocho de chocolate y pistachos que encontré en gastronomiaycia.com que me recordó a un pastel delicioso que venden en Mercadona y que, alguien, me pidió que intentara hacer algo parecido... y creo que lo he conseguido, variando las medidas a ojo bajo la supervision de la experiencia tras haber hecho ya millones de bizcochos a lo largo de mi vida...


Su textura no es para nada compacta, y la esponjosidad viene de la mano de las claras a punto de nieve...




Y del aplastante sabor a chocolate tiene la culpa el casi medio kilogramo de fondant que lleva...


Ingredientes

120 gramos de harina

200 gramos de chocolate fondant (más otros 100 para cobertura y relleno, si se desea)
80 gramos de mantequilla
100 gramos de azúcar
1 sobre de levadura
40 gramos de cacao puro en polvo Valor
1 huevo
4 claras de huevo
100 gramos de leche
Lágrimas de chocolate (al gusto)


Preparación


Enciende el horno para que se vaya calentando a 180º C. Monta las claras a punto de nieve con una pizca de sal. Reserva.
Mezcla en un cuenco la harina, el azúcar, el cacao en polvo y la levadura. Calienta en un cazo o en el microondas la mantequilla con el chocolate fondant troceado. No lo calientes demasiado, basta un poco de calor para que después se funda el chocolate moviéndolo con una espátula y conserve el brillo y una textura homogénea.
Vierte la leche a temperatura ambiente en el cuenco de la harina, añade el chocolate fundido y mezcla. A continuación bate ligeramente el huevo e incorpóralo también. Mezcla bien los ingredientes con las varillas o con una espátula de silicona.
Añade a continuación las claras montadas y mézclalas despacio, con movimientos envolventes para que no pierdan mucho aire. Finalmente añade los trozos de fondant y las lágrimas de chocolate en la superficie.


Hornea los primeros diez minutos a 180º y luego cubre con papel de aluminio la superficie para evitar que se queme. Baja la temperatura a 150º y cuece hasta que pinches con una aguja y ésta salga limpia.


lunes, 23 de agosto de 2010

BIZCOCHO DE NATILLAS


Últimos días de agosto... los atardeceres están volviendo a cambiar y esa brisilla que corre al final de la jornada me tiene los nervios de punta y el ánimo pende de un hilo. Me paso el día buceando entre recuerdos que alientan y oprimen. El aire huele a septiembre. Se palpa septiembre. Incluso, lentamente, cada bocado sabe a septiembre. Se me empiezan a apetecer esos copiosos pasteles de invierno y voy dejando a un lado toda la pastelería semifría y ligera que acompañan a los días de verano. Con sensaciones como éstas, parece irrevocable no admitir que la climatología afecta directamente a nuestro organismo. Os dejo esta receta que me ha puesto acorde el paladar con la emoción...



Ingredientes

3 Huevos
150 gr de Harina
100 gr de Azúcar
100 ml de Leche
1 sobre de Levadura
1 sobre de Natillas (Flan)
150 gr de Aceite de oliva

Preparación

Batir los huevos junto con el azúcar hasta que doblen su volumen. Esto es, hasta que 'aireen' las burbujitas.. Añadir el resto de los ingredientes, excepto la levadura, que la dejaremos para el final. Verter la mezcla en un molde previamente engrasado en el horno precalentado a 180º. Estará listo cuando comprobemos que al pinchar la aguja, ésta sale limpia.